El 28 de marzo de 1658 comenzó la triste historia de la esclavitud en África. Los españoles y portugueses fueron los mayores contribuyentes a la primera etapa de exploración del continente. Pero el resto de potencias europeas occidentales tampoco se quedó atrás, incluidos Países bajos, Dinamarca, Francia, Inglaterra y Alemania. 

 

Ese día, el velero Amersfoort de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales ancló con un «cargamento» de esclavos negros en la bahía de Tabel, 50 kilómetros al norte del cabo de Buena Esperanza, cerca del primer asentamiento de europeos en Sudáfrica, fundado en 1652. 

 

El transporte de esclavos se realizaba en condiciones inhumanas: en terribles condiciones de hacinamiento, con calor y escasa comida. Era una práctica habitual. Solo 174 esclavos sobrevivieron hasta su destino. De los 38 hombres y 37 mujeres que quedaron, 21 hombres y 22 mujeres fueron enviados al campo, mientras que otros fueron entregados a la compañía. Los esclavos restantes fueron enviados pronto a la isla de Java.