{"id":16358,"date":"2026-09-19T18:56:25","date_gmt":"2026-09-19T18:56:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.fraczinet.cl\/sitio\/?p=16358"},"modified":"2026-09-19T19:02:13","modified_gmt":"2026-09-19T19:02:13","slug":"un-abismo-bien-organizado-por-nicolas-jean-pierre-figueroa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.fraczinet.cl\/sitio\/un-abismo-bien-organizado-por-nicolas-jean-pierre-figueroa\/","title":{"rendered":"Un Abismo Bien Organizado&#8230; Por Nicol\u00e1s Jean Pierre Figueroa"},"content":{"rendered":"<h4><strong>Escrito por Nicol\u00e1s Jean Pierre Figueroa, Septiembre, 2026<\/strong><\/h4>\n<h4><strong>Fuente: Diario Electr\u00f3nico Pol\u00edtika<\/strong><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llueve sobre los techos de zinc del barrio este, cerca de la universidad, con esa terquedad del tr\u00f3pico que no negocia. El asfalto huele a caf\u00e9 barato y a fotocopia vieja. A los cuarenta y dos a\u00f1os, \u00e9l termina de limpiarse la grasa de las manos con un trapo que ya no devuelve nada, despu\u00e9s de haberle dicho cosas impublicables a la transmisi\u00f3n de un sed\u00e1n japon\u00e9s que debi\u00f3 morir en los noventa.<\/p>\n<p>Adentro, sobre la mesa de la cocina, lo espera algo peor que el sed\u00e1n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-16359 size-large\" src=\"https:\/\/www.fraczinet.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Un-Abismo-bien-organizado-683x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"960\" srcset=\"https:\/\/www.fraczinet.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Un-Abismo-bien-organizado-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.fraczinet.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Un-Abismo-bien-organizado-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.fraczinet.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Un-Abismo-bien-organizado-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.fraczinet.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Un-Abismo-bien-organizado-1024x1536.jpg 1024w, https:\/\/www.fraczinet.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Un-Abismo-bien-organizado.jpg 1100w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>Es una hoja tama\u00f1o carta. Arriba dice \u00c1RBOL GENEAL\u00d3GICO en letras que la maestra imprimi\u00f3 en negrita, y abajo hay ocho rect\u00e1ngulos vac\u00edos conectados por l\u00edneas, m\u00e1s dos renglones al pie: <em><strong>Pa\u00eds de origen de la familia:<\/strong><\/em> y <em><strong>Tradici\u00f3n familiar que m\u00e1s te gusta:<\/strong><\/em>. Entrega el lunes. Su hija se durmi\u00f3 a las nueve con la certeza tranquila de que el pap\u00e1 lo iba a resolver.<\/p>\n<p>Son las tres de la madrugada y no ha escrito nada.<\/p>\n<p>Ocho casillas. El problema no es que le falte informaci\u00f3n: es que le sobra, y que ninguna cabe en un rect\u00e1ngulo de cuatro cent\u00edmetros. Empecemos por la burla exacta de la poliomielitis.<\/p>\n<p>Por el lado del pap\u00e1, en un pueblo del sur de Hait\u00ed, hubo un ni\u00f1o que no conoci\u00f3 al suyo y que a los diez a\u00f1os enterr\u00f3 a su madre. Despu\u00e9s vino la tuberculosis. Y detr\u00e1s de la tuberculosis, como si alguien estuviera midiendo cu\u00e1nto aguanta un cuerpo antes de romperse, vino la polio. Le dej\u00f3 las piernas. La cabeza no la pudo tocar. Ese ni\u00f1o lleg\u00f3 a hombre en una f\u00e1brica de cemento organizando obreros, sali\u00f3 de la isla a los veinticuatro porque la polic\u00eda del dictador ya ten\u00eda su nombre escrito, y pas\u00f3 veintis\u00e9is a\u00f1os afuera ense\u00f1ando econom\u00eda y escribiendo la radiograf\u00eda de esa dictadura, hueso por hueso, para que despu\u00e9s nadie pudiera decir que no se sab\u00eda. Volvi\u00f3 el a\u00f1o en que el r\u00e9gimen cay\u00f3. Nunca se dej\u00f3 cargar: sub\u00eda \u00e9l sus escaleras, con las muletas, respirando raro, mirando al frente.<\/p>\n<p>En la hoja de la maestra no hay casilla para \u00e9l. Los t\u00edos abuelos no caben en un organigrama de ocho rect\u00e1ngulos: habr\u00eda que ponerlo en el margen, con una flecha. Y sin embargo, sin ese hombre, no hay hoja, no hay ni\u00f1a y no hay nadie despierto a las tres de la ma\u00f1ana en esta cocina.<\/p>\n<p>Por el lado de la mam\u00e1, cinco mil ochocientos kil\u00f3metros al sur, su bisabuela pasaba esos mismos a\u00f1os inclinada sobre un microscopio. M\u00e9dica,investigadora, pulso de hierro. Trabaj\u00f3 en la vacuna contra ese mismo mal.<\/p>\n<p>Uno perdiendo las piernas en el Caribe. La otra buscando en un vidrio la manera de que nadie m\u00e1s las perdiera. No supieron jam\u00e1s el uno del otro.<\/p>\n<p>La cura exist\u00eda. Lo que no lleg\u00f3 a tiempo a esa isla fue la cura.<\/p>\n<p>D\u00e9cadas despu\u00e9s, el relojero los sent\u00f3 en la misma mesa. La mesa es \u00e9l, con un l\u00e1piz en la mano y ocho rect\u00e1ngulos vac\u00edos.<\/p>\n<p>Al puerto de Galway llegaron con un solo bolso entre los dos.<\/p>\n<p>El mayor era el que hablaba: el de las reuniones, el de los panfletos, el del partido. Le hab\u00edan dado a elegir entre el barco y la horca, y estaba de un humor espantoso. El menor no hab\u00eda hecho absolutamente nada en su vida, salvo aparecerse esa ma\u00f1ana en el muelle con un abrigo prestado.<\/p>\n<p>\u2014Volvete a casa.<\/p>\n<p>\u2014Ya compr\u00e9 el pasaje.<\/p>\n<p>\u2014No ten\u00e9s nada que ver en esto.<\/p>\n<p>\u2014Tengo que vos sos mi hermano \u2014dijo el menor, y se acomod\u00f3 el bolso, y no volvieron a hablar del tema en cuarenta a\u00f1os.<\/p>\n<p>En el bolso hab\u00eda ropa, un poco de dinero y un libro que no era de \u00e9l: se lo hab\u00eda robado al mayor la semana anterior y nunca se lo devolvi\u00f3. Cruzaron el Atl\u00e1ntico hasta Buenos Aires y despu\u00e9s el continente entero hasta Santiago, y el libro cruz\u00f3 con ellos. Uno fue desterrado por sus ideas. El otro, por su hermano. El del abrigo prestado termin\u00f3 siendo el padre de la m\u00e9dica.<\/p>\n<p>La m\u00e9dica viv\u00eda en <a href=\"https:\/\/www.google.com\/maps\/search\/Los+Pl+tanos+2967?entry=gmail&amp;source=g\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.google.com\/maps\/search\/Los%2BPl%2Btanos%2B2967?entry%3Dgmail%26source%3Dg&amp;source=gmail&amp;ust=1789929544619000&amp;usg=AOvVaw1DqD8xa6yQElbTZs4CMQXp\">Los Pl<\/a>\u00e1<a href=\"https:\/\/www.google.com\/maps\/search\/Los+Pl+tanos+2967?entry=gmail&amp;source=g\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.google.com\/maps\/search\/Los%2BPl%2Btanos%2B2967?entry%3Dgmail%26source%3Dg&amp;source=gmail&amp;ust=1789929544619000&amp;usg=AOvVaw1DqD8xa6yQElbTZs4CMQXp\">tanos 2967<\/a>, en Macul, que no era una direcci\u00f3n sino una trinchera con cocina.<\/p>\n<p>Su marido med\u00eda la tierra: top\u00f3grafo, trotskista, un hombre que le sacaba a los cerros d\u00e9cimas de grado con la misma fe con que le esperaba el turno a la revoluci\u00f3n. Era l\u00facido y era alegre, que entre gente seria es una combinaci\u00f3n rar\u00edsima. Trabajaba como si el mapa fuera a salvar a alguien y despu\u00e9s se sentaba a la mesa con un buen vino, como buen chileno, a discutir de historia sin amargarse.<\/p>\n<p>Sobre esa casa pesaba adem\u00e1s el apellido Dinator Rossel, que en Chile no significa dinero: significa aulas. Isaura Dinator Rossel se recibi\u00f3 de profesora de matem\u00e1ticas en 1903, cuando a las mujeres todav\u00eda hab\u00eda que explicarles por qu\u00e9 quer\u00edan estudiar, y lleg\u00f3 a ser la primera mujer sentada en el Consejo de Instrucci\u00f3n P\u00fablica del pa\u00eds. Todav\u00eda hay un liceo en Santiago con su nombre en la fachada. Esa rama no dej\u00f3 tierras ni oro. Dej\u00f3 pizarrones y estantes.<\/p>\n<p>El costado caribe\u00f1o era igual de alto, solo que en otro idioma: ven\u00eda de una isla que se invent\u00f3 a s\u00ed misma a contrapelo del mundo entero, la primera rep\u00fablica negra, la \u00fanica que se solt\u00f3 las cadenas sola. Ah\u00ed atr\u00e1s hay un colono franc\u00e9s que una ma\u00f1ana se mir\u00f3 las manos y sinti\u00f3 asco, mand\u00f3 los l\u00e1tigos al carajo, firm\u00f3 la libertad de sus esclavos y huy\u00f3 con precio sobre la cabeza hacia la \u00fanica tierra del hemisferio donde ese gesto no lo convert\u00eda en loco sino en vecino. Y hay, sin un solo papel que lo respalde, un dan\u00e9s. Un mercader, dicen, de los que llegaban con las bodegas llenas y se quedaban hasta que el ron los convenc\u00eda. Nadie ha podido probarlo nunca. \u00c9l lo deja ah\u00ed igual: en las familias que salieron corriendo, el rumor tambi\u00e9n es una forma de archivo.<\/p>\n<p>Su abuela vino del norte, del desierto, frente a un mar que no se puede beber, y la bajaron a Santiago siendo ni\u00f1a. Detr\u00e1s de ella hay una holandesa de pelo de fuego, hay una mujer de apellido del B\u00e1ltico y hay un hombre que se ganaba la vida haciendo fotograbados para un diario de Valpara\u00edso: fijar en metal las caras del d\u00eda para que al d\u00eda siguiente envolvieran pescado con ellas. Nadie en esta familia lleg\u00f3 jam\u00e1s a ninguna parte en l\u00ednea recta. Todos entraron dando un rodeo, por la puerta de atr\u00e1s, y todos llegaron cargando papel.<\/p>\n<p>Su abuelo hizo de eso un oficio. Escritor, educador, arisco con los suyos como solo puede serlo alguien que aprendi\u00f3 temprano que quedarse es peligroso. Pirata. La dictadura lo empuj\u00f3 fuera y nunca termin\u00f3 de volver.<\/p>\n<p>Primero fue M\u00e9xico. Dio clases en la universidad enorme del sur de esa ciudad, en los mismos a\u00f1os en que un haitiano en muletas explicaba econom\u00eda a unos pasillos de distancia. Dos exiliados, dos idiomas, el mismo campus, la misma hora del almuerzo. Jam\u00e1s se vieron. Una generaci\u00f3n despu\u00e9s, sus familias iban a dormir bajo el mismo techo, en un pa\u00eds que ninguno de los dos hab\u00eda pisado todav\u00eda.<\/p>\n<p>De M\u00e9xico lo sacaron su hermana y el marido arquitecto, que le consiguieron a d\u00f3nde llegar en Costa Rica. Alguien saca a alguien: es lo \u00fanico que en esta familia se hace sin falta.<\/p>\n<p>Iba en el octavo libro cuando lo present\u00f3 en un pueblo de la costa, entre otros desterrados que a esas alturas ya solo se aplaud\u00edan entre ellos. Este a\u00f1o va en doce escritos y once publicados. Vive en Brasil. Manda libros; no manda cartas. Le sal\u00eda m\u00e1s f\u00e1cilense\u00f1arle a un pa\u00eds entero que a la gente de su propia mesa.<\/p>\n<p>Por \u00e9l, y por su hermana, la casa de Macul termin\u00f3 desarm\u00e1ndose. A ella la echaron del trabajo por pensar lo que pensaba, y al marido de ella tambi\u00e9n. El hermano ya andaba afuera. Con el cerco cerr\u00e1ndose, se vinieron a Costa Rica.<\/p>\n<p>Y entonces los viejos hicieron la cosa m\u00e1s grande de esta historia, que adem\u00e1s no est\u00e1 escrita en ninguna parte.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY los muebles? \u2014pregunt\u00f3 ella, de pie en el pasillo, con el delantal todav\u00eda puesto.<\/p>\n<p>\u2014Los muebles se compran \u2014dijo \u00e9l.<\/p>\n<p>Andaban por los sesenta y ten\u00edan las semanas contadas para salir. Dejaron la cama, dejaron el comedor donde se hab\u00eda discutido medio siglo de historia de Chile, dejaron las ollas. Empacaron los libros: catorce cajas atadas con pita. Y empacaron lo que de verdad importaba, que eran dos nietos \u2014un var\u00f3n y una ni\u00f1a; la ni\u00f1a iba a ser su madre\u2014, porque en esta familia los abuelos cr\u00edan, es lo que hacen, es casi un oficio. Se subieron los cuatro a un barco y no se bajaron hasta el tr\u00f3pico. Ella, que hab\u00eda ayudado a que un virus dejara de tumbar ni\u00f1os en el mundo entero, se mud\u00f3 al otro extremo del mapa por la \u00fanica raz\u00f3n que le pareci\u00f3 seria.<\/p>\n<p>Cuando por fin cay\u00f3 el dictador hicieron el viaje al rev\u00e9s. No volvieron a morirse: volvieron a vivir lo que les quedaba en su idioma, en su barrio, con su vino, y les quedaba bastante m\u00e1s de lo que nadie calculaba. Nunca se hab\u00edan mudado. Hab\u00edan ido a buscar a sus hijos.<\/p>\n<p>Sesenta a\u00f1os antes, un tipo con un abrigo prestado hab\u00eda subido a un barco por exactamente la misma raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Mientras tanto, del otro lado del mapa, otra isla se estrangulaba de terror. \u00c9l ten\u00eda veintipocos a\u00f1os, un programa de radio y la costumbre imprudente de hablar de la libertad en voz alta, de modo que su nombre termin\u00f3 donde terminaban esos nombres: en una lista.<\/p>\n<p>El que lo sac\u00f3 fue el t\u00edo. El de las muletas. Para entonces llevaba a\u00f1os exiliado en M\u00e9xico y conoc\u00eda de memoria el procedimiento, porque se lo hab\u00edan hecho a \u00e9l: una gesti\u00f3n, un contacto, un pasaje, una casa al otro lado con la puerta abierta y un plato m\u00e1s en la mesa. El hombre al que la polio le hab\u00eda quitado las piernas fue el que lo puso a correr.<\/p>\n<p>De M\u00e9xico sigui\u00f3 hasta este valle, y no por casualidad. En M\u00e9xico aprendi\u00f3 el espa\u00f1ol atropellado que despu\u00e9s le durar\u00eda toda la vida y se gan\u00f3 dos becas al mismo tiempo, con la obligaci\u00f3n inc\u00f3moda de elegir una: ingenier\u00eda en Rusia o econom\u00eda en Costa Rica.<\/p>\n<p>Un muchacho reci\u00e9n sacado de una dictadura, con el mundo entero ofreci\u00e9ndole dos puertas. Eligi\u00f3 la del pa\u00eds que no ten\u00eda ej\u00e9rcito. As\u00ed de simple: despu\u00e9s de lo que hab\u00eda visto, le pareci\u00f3 el \u00fanico dato realmente importante que puede tener un pa\u00eds.<\/p>\n<p>Lleva m\u00e1s de cuarenta y cinco a\u00f1os aqu\u00ed. Habla mejor espa\u00f1ol que la mitad del barrio y termin\u00f3 dando clases en la universidad que queda a unas cuadras de este taller, que es una manera elegante de decir que el hijo se pasa el d\u00eda arreglando carros en las mismas calles donde el pap\u00e1 se pas\u00f3 la vida explicando cosas.<\/p>\n<p>Ella tampoco era nada todav\u00eda. Hab\u00eda llegado a los diecisiete, criada por sus abuelos, y estaba sentada en un aula de la Universidad Nacional, en Heredia, all\u00e1 arriba entre cafetales.<\/p>\n<p>\u00c9l le prest\u00f3 un libro. Ella no se lo devolvi\u00f3 nunca \u2014en esta familia no se devuelve ning\u00fan libro, es un rasgo hereditario, pr\u00e1cticamente un color de ojos\u2014 y cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s el libro sigue en la sala de la casa de ellos, con el nombre de \u00e9l escrito en la primera p\u00e1gina con una letra que todav\u00eda no era la letra de un maestro, porque todav\u00eda no era maestro.<\/p>\n<p>Eso vino despu\u00e9s, y vino junto. Los dos terminaron educadores: \u00e9l, intelectual y profesor, las dos cosas a la vez; ella, media vida recorriendo Centroam\u00e9rica y el continente con la cooperaci\u00f3n canadiense, llevando educaci\u00f3n a donde no llegaba y, sobre todo, llevando lo que no cabe en los informes \u2014sensibilidad, humanismo, la idea rar\u00edsima de que a la gente pobre tambi\u00e9n hay que hablarle bonito.<\/p>\n<p>No se reconocieron como colegas. Se hicieron colegas.<\/p>\n<p>De ah\u00ed nacieron \u00e9l y su hermana, en el punto medio exacto del desastre: desde esta cocina, la isla del pap\u00e1 queda a mil seiscientos kil\u00f3metros y el pa\u00eds largo de la mam\u00e1 a cinco mil.<\/p>\n<p>Y cuando volvi\u00f3 la democracia, se devolvieron todos. Los viejos primero, a morirse en su idioma. Despu\u00e9s el resto: los hermanos, los t\u00edos, las cajas, el pa\u00eds entero llam\u00e1ndolos de vuelta como si nada hubiera pasado.<\/p>\n<p>Ella no.<\/p>\n<p>Ella se qued\u00f3 parada en la sala de un aeropuerto del tr\u00f3pico, con dos ni\u00f1os agarrados de las manos, viendo irse a toda su gente. Ten\u00eda un marido, un trabajo, un aula y una casa con un libro prestado en la sala. En un muelle de Irlanda, un siglo antes, alguien se hab\u00eda subido a un barco por no soltar a los suyos. Ella se qued\u00f3 en tierra exactamente por lo mismo.<\/p>\n<p>Es la \u00fanica de esta familia que eligi\u00f3 quedarse. Por eso \u00e9l existe aqu\u00ed y no en otra parte.<\/p>\n<p>Son las tres y veinte y el l\u00e1piz sigue sin bajar a la hoja.<\/p>\n<p>Y ac\u00e1 viene la parte que no le va a contar a nadie: por un minuto entero, esta madrugada, los odia a todos. A los ocho, a los diecis\u00e9is, a los treinta y dos. Nadie le pregunt\u00f3 si quer\u00eda cargar con esto. Lo que \u00e9l quer\u00eda era una infancia con un solo idioma y un abuelo que mandara cartas en vez de libros. Un apellido que no haya que deletrear. Un pa\u00eds. Uno solo, aunque fuera feo.<\/p>\n<p>La hija duerme en el otro cuarto sin sospechar que su tarea de estudios sociales es una trampa.<\/p>\n<p>Y afuera sigue lloviendo, y esta semana el barrio se llen\u00f3 de faroles: el quince de septiembre este pa\u00eds sin ej\u00e9rcito sale con desfiles de ni\u00f1os y tambores de lata a celebrar que un d\u00eda le avisaron por correo, con meses de atraso, que ya era independiente. A \u00e9l le gusta esa fiesta. Le gusta que aqu\u00ed la independencia haya llegado en un sobre y no en una monta\u00f1a de muertos.<\/p>\n<p>Cuatro d\u00edas antes fue el otro aniversario, el que no se celebra. En el pa\u00eds largo la gente volvi\u00f3 a salir a la calle, como sale cada once de septiembre desde hace cincuenta y tres a\u00f1os, con las fotos de sus muertos colgadas del pecho, caminando al mismo cementerio a preguntar lo mismo. Y como cada a\u00f1o, alguien mand\u00f3 a la polic\u00eda a pegarles. Da igual qui\u00e9n estuviera en el palacio esa vez: les han pegado los herederos de los que se robaron el pa\u00eds y les han pegado los que se dicen socialistas, los que marchaban con ellos antes de tener las llaves. Cambian los discursos; los carabineros son los mismos.<\/p>\n<p>Y a la isla, doscientos a\u00f1os despu\u00e9s de soltarse las cadenas sola, todav\u00eda le est\u00e1n cobrando la cuenta. Le pusieron precio a su propia libertad y la pag\u00f3 en oro durante generaciones; cuando termin\u00f3 de pagar, llegaron otros a explicarle c\u00f3mo deb\u00eda gobernarse. No la castigaron por haber perdido. La castigaron por haber ganado. Y lo m\u00e1s sucio no viene del norte: viene de al lado, de los que en este continente todav\u00eda se miran al espejo esperando ver a un europeo.<\/p>\n<p>Siempre fue el mismo truco. La cura existe; nunca ha dejado de existir. Lo que no hay es quien la reparta.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed est\u00e1 lo que ninguna casilla va a poder registrar.<\/p>\n<p>Porque los dos lados de esta familia, sin conocerse, sin hablar el mismo idioma, sin pisar nunca el mismo continente, estuvieron siempre en el mismo bando. El irland\u00e9s al que echaron por repartir papeles. El top\u00f3grafo que med\u00eda cerros de d\u00eda y esperaba la revoluci\u00f3n de noche, y que adem\u00e1s se re\u00eda. La maestra que levant\u00f3 escuelas p\u00fablicas para ni\u00f1as que nadie pensaba educar. La m\u00e9dica que se encerr\u00f3 en un laboratorio a pelear contra un virus que tumbaba sobre todo a los hijos de los pobres. El muchacho de la f\u00e1brica de cemento que organiz\u00f3 a sus compa\u00f1eros con las piernas muertas y despu\u00e9s le hizo la autopsia por escrito a una dictadura. El de la radio, hablando de libertad hasta que lo pusieron en una lista. El escritor que manda libros y no manda cartas. La mujer que se pas\u00f3 el continente entero ense\u00f1ando, y ense\u00f1ando adem\u00e1s que a la gente pobre hay que hablarle bonito.<\/p>\n<p>Ninguno tuvo plata. Ninguno tuvo tierras. Todos tuvieron un lado, y siempre el mismo, y casi siempre el que pierde. En esa casa <em><strong>pueblo<\/strong><\/em> no fue nunca una palabra de discurso: era la lista de qui\u00e9nes se sentaban a la mesa.<\/p>\n<p>Eso es lo que se hereda de verdad. No la sangre: el bando.<\/p>\n<p>En el cuarto del fondo cruje una cama. Despu\u00e9s unos pies descalzos en el piso. \u00c9l alcanza a pensar, con toda su alma, que ojal\u00e1 sea solo un vaso de agua. A las tres y media aparece en la puerta de la cocina, con el pelo hecho un desastre.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfYa lo hiciste?<\/p>\n<p>\u2014Estoy en eso.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe d\u00f3nde somos?<\/p>\n<p>\u00c9l mira la hoja. Ocho rect\u00e1ngulos, dos renglones, una maestra con buenas intenciones y una imprenta que nunca conoci\u00f3 a esta familia.<\/p>\n<p>\u2014Dame el l\u00e1piz \u2014dice ella.<\/p>\n<p>Y escribe, en el rengl\u00f3n del pa\u00eds de origen, con esa caligraf\u00eda enorme de los siete a\u00f1os, una sola palabra: <em><strong>varios<\/strong><\/em>. Despu\u00e9s se va a dormir otra vez, porque a esa edad las cosas dif\u00edciles duran once segundos.<\/p>\n<p>\u00c9l se queda mirando la palabra. Despu\u00e9s agarra la guitarra, m\u00e1s que nada para no llorar en la cocina como un idiota, y busca a tientas el acorde exacto. Ese, no el de al lado. Hay un top\u00f3grafo midi\u00e9ndole el silencio. Hay pulso de m\u00e9dica en los dedos. Hay dos maestros repitiendo el mismo comp\u00e1s cuarenta veces. Hay un hombre en muletas subiendo una escalera sin dejarse ayudar.<\/p>\n<p>El acorde aparece.<\/p>\n<p>La sangre pesa como el plomo. La \u00fanica manera de cargarla es afinarla.<\/p>\n<p>Esa misma madrugada, a cinco mil kil\u00f3metros, en una casa de Brasil donde hace un calor distinto, un viejo tampoco puede dormir. Lleva doce libros: once publicados y uno abierto sobre la mesa desde hace a\u00f1os, atascado, porque le falta el final. Ha escrito el muelle. Ha escrito las catorce cajas. Ha escrito el microscopio y las muletas y el desierto y el puerto.<\/p>\n<p>Enciende la l\u00e1mpara, se inclina sobre el cuaderno y escribe, sin saber de d\u00f3nde le llega la frase:<\/p>\n<p><em><strong>Llueve sobre los techos de zinc del barrio este, cerca de la universidad, y un hombre se limpia la grasa de las manos.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>En la cocina, el hombre levanta la cabeza. Por un segundo tiene la sensaci\u00f3n exacta de que alguien acaba de escribir la lluvia que est\u00e1 oyendo.<\/p>\n<p>Y sigue tocando, porque ac\u00e1 abajo no se ha acabado nada todav\u00eda; porque el lunes hay que entregar la tarea; porque en el otro cuarto duerme una ni\u00f1a que va a heredar un mapamundi cosido a cicatrices \u2014un abismo, s\u00ed, pero un abismo bien organizado\u2014 y, junto con el mapa, la pelea; y porque en esta familia, ya se dijo, los libros no se devuelven.<\/p>\n<p>Se heredan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrito por Nicol\u00e1s Jean Pierre Figueroa, Septiembre, 2026 Fuente: Diario Electr\u00f3nico Pol\u00edtika &nbsp; Llueve sobre los techos de zinc del barrio este, cerca de la universidad, con esa terquedad del tr\u00f3pico que no negocia. El asfalto huele a caf\u00e9 barato y a fotocopia vieja. 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