Nada

Era un pobre diablo que siempre venía

cerca de un gran pueblo donde yo vivía;

joven rubio y flaco, sucio y mal vestido,

siempre cabizbajo… ¡Tal vez un perdido!

Un día de invierno lo encontramos muerto

dentro de un arroyo próximo a mi huerto,

varios cazadores que con sus lebreles

cantando marchaban… Entre sus papeles

no encontraron nada… los jueces de turno

hicieron preguntas al guardián nocturno:

éste no sabía nada del extinto:

ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto.

Una chica dijo que sería un loco

o algún vagabundo que comía poco,

y un chusco que oía las conversaciones

se tentó de risa… ¡Vaya unos simplones! 

Una paletada le echó el panteonero;

luego lió un cigarro; se caló el sombrero

y emprendió la vuelta… Tras la paletada,

nadie dijo nada, nadie dijo nada…

Deja una respuesta